lunes, 18 de junio de 2012

LAS VOCES DEL DOLOR


¿Es el dolor mudo...?

No... no lo es, pero se suma al silencio progresivamente  porque el que lo padece descubre que no es comprendido y mucho menos aceptado por los demás.

El dolor físico y sobre todo, el del alma.

Cuando descubres rostros de circunstancias en los que te escuchan; tímidos suspiros o frases hechas que no salen del corazón, si no del protocolo, te das cuenta que es mejor callar y guardártelo para ti para mejor expresarlo en la intimidad más estricta donde no te miren sorprendidos porque se escapa un suspiro o una mueca de dolor.

Así se sienten las personas que padecen enfermedades no reconocidas como por ejemplo la Fibromialgia, Sensibilidad química múltiple o la Fatiga crónica, entre otras muchas que nuestros políticos no reconocen y la sanidad pública tampoco.
Así se sienten cientos de miles de personas que no solo no son comprendidas en su dolor (Físico y de alma...) por estos médicos o gobernantes, añadiendo la sociedad en general e incluso el círculo más íntimo.

Se sienten solos, marginados y humillados y de este modo, el dolor se torna mudo.

El fragmento del libro de Vicente Verdú   La ausencia  parece estar dedicado a estas personas.

 
"Parece extraño incluso que el dolor físico, que tan elocuentemente se manifiesta, no consiga comunicarse ruidosamente con el otro más cercano.

Sufrimos la clamorosa presencia del dolor, pero afuera no es posible oír nada. Parece extraño que no se oiga o se sienta alrededor indicio alguno de nuestro tormento, pero efectivamente la condición humana ha mutilado ese lenguaje cuerpo a cuerpo.

Un habla acaso superior pero ensimismada opera en su acción como un castigo doble: el castigo de su martirio primario y la tortura secundaria de vivirlo en soledad. El dolor físico pues, no cuenta nada más que consigo para demostrar su imperio. El otro dolor, el del alma, se presta a la transmisión existencial, pero el físico se funde desesperadamente en sí mismo. De ese modo constituye el reflejo más duro de la soledad en que, a fin de cuentas, cada cual vive consigo. Yo a solas con mi dolor. Yo o mi dolor crónico. Yo acompañado. Tan solo acompañado verdaderamente por la perfecta soledad que el dolor, a la luz del día o a lo largo de la noche, acorrala y muerde."

No dejemos que sigan solos con su dolor... acompañémoslos...
                                                                                          

domingo, 10 de junio de 2012

HOMENAJE A FABI EN OLIVA- AÑO 2009



A pesar de hacer ya de hacer más de tres años de nuestra primera denuncia que hicimos en Oliva (La Safor - Valencia), consideramos que esta sigue más vigente que nunca porque la reacción fue inexistente y sigue siéndolo.

Es más, actualmente con los brutales recortes aún esta todo peor y no sabemos como acabará todo con estos políticos carentes de humanidad que ni tan siquiera se plantean la cuestión ocupados en asuntos económicos y en rebajar sueldos a los más humildes entre los que se encuentran los pensionistas que apenas tiene para comer.

 Pero ellos no se recortarán sus numerosos privilegios que son la verguenza de la raza humana y ya no hablamos de la corrupción extendida entre los distintos partidos que merece capítulo aparte por ser ya algo, tristemente habitual.

Por esa razón consideramos ineresante recordar nuestra primera denuncia aunque para ellos tan solo sea una más de las muchas que saben que existen desde las distintas partes del pueblo. Ese pueblo que machacan sin miramientos y sin ningún escrúpulo.

Nosotros continuaremos con nuestras denuncias hasta que se produzca el milagro de que aparezcan políticos de verdad y no la porquería que tenemos ahora.     

        
                                                                 vídeo denuncia

Somos Gaspar Arsís y Cristina Ruiz, padres de Fabián, el cual nos dejó hace apenas cuatro meses.

Nuestro hijo no se quitó la vida, murió de fibromialgia.

Así lo expresó él en su carta de despedida y así lo trasmitimos nosotros a quien quiera escucharnos.

Fabi llevaba más de tres años y medio con dolores insoportables por todo su cuerpo y sin ninguna posibilidad de curación. Llegó al límite de sus fuerzas y decidió no prolongar más su sufrimiento.

Sin embargo, no fue la enfermedad el principal motivo de su trágica decisión.

Fue sobre todo la incomprensión que recibió de la gente en general, y las humillaciones constantes del colectivo médico de la sanidad pública por su desconocimiento y falta de interés hacia esta enfermedad, lo cual propicia a su vez que otras personas sin escrúpulos, titulados o no, se aprovechen de la situación.

Es de todos conocido, la importancia de que el paciente tenga una confianza absoluta en su médico y esto es complicado que se produzca cuando este, desconoce por completo de que se trata. Resultado de este desconocimiento, la única opción que le aporta es la de tomarse antidepresivos y de este modo, se lo quitan de encima.

Y NO ESTÁN DEPRIMIDOS SEÑORES o en cualquier caso, son los despropósitos de políticos y sanidad la que puede terminar conduciendo a estas personas a la depresión y a la soledad.

La incomprensión del grupo familiar o de los amigos (que quiero insistir que comienza por la marginación más absoluta de los políticos...) hace un daño muy grande en estas personas. Un daño que, en ocasiones, puede ser irreparable como desgraciadamente bien sabemos.

Cuando estas personas terminan su largo peregrinaje de fracaso en fracaso y no reciben más que incomprensión y engaños de médicos de muy baja condición moral, puede aparecer finalmente, la sensación de sobrar en el mundo, de no tener lugar entre los sanos, ni en la familia, ni con los amigos, ni en ningún lugar.

Por eso les pido a ustedes políticos, que reconozcan con urgencia esta terrible dolencia y que no esperen a tener una hija o cualquier otro familiar para darse cuenta de su existencia. Y a ustedes los médicos que sepan reconocer sus limitaciones, su falta de preparación alarmante y que sobre todo, no se olviden de ser humanos y dejen de humillar a estos enfermos de la manera más vergonzosa.

Encontramos tantas contradicciones en la sanidad pública que no podemos evitar citar la más reciente:

Escuchamos a la ministra en unas declaraciones respecto a la gripe porcina que se estaba siguiendo con exactitud el protocolo marcado por la OMS.

¿Qué razones les hace decidir que se sigan las pautas marcadas por esta organización y en otras decidan ignorarlas...?

¿Porqué razón ignoran la FM cuando la OMS la reconoce fuera de nuestro país…?

¿Es que aquí duele menos quizás…?

¿Les parece que hacen comedia estos enfermos…?

¿Qué esta enfermedad no existe nada más que en la mente de un millón de personas en nuestro país?

En España sigue sin reconocerse oficialmente la fibromialgia, cuando ya lo hizo la Organización Mundial de la Salud en 1992 y todas las demás organizaciones médicas internacionales.

Ahí radica, a mí entender, el origen de todo lo que les está ocurriendo a los que padecen esta enfermedad, pues si esta es finalmente reconocida habrá información y con ella aparecerá la tan necesitada comprensión.

¿Cómo es posible que ocurra esto en un país de derecho, supuestamente preocupado en mejorar la vida a las personas discapacitadas?

¿Cómo es posible tanta falta de humanidad...............?

Mi mujer y yo no entendemos de medicina, sólo de sentimientos y estos ahora están rotos. Estamos inmersos en un mundo oscuro porque algunas personas se empeñan en oscurecerlo y llenarlo de dolor e incomprensión con su falta de humanidad y turbios intereses

Daremos nuestro sufrimiento como bueno si con él conseguimos que lo que ha ocurrido con nuestro hijo no ocurra nunca más. Sres. Políticos, médicos e investigadores, ya que de momento no son capaces de encontrar soluciones, les pedimos que cambien de actitud y dejen de humillar a los enfermos de fibromialgia, que bastante tienen con sus terribles dolores físicos y psicológicos, y comiencen a trabajar desde este mismo momento.

Esto es lo que unos padres destrozados por perder el mayor amor de sus vidas estamos denunciando. Sepan ustedes que por lo que a nosotros respecta, continuaremos luchando hasta que esta enfermedad sea reconocida.

Nosotros sus padres ya nada tenemos que perder ni ganar en esta lucha emprendida, puesto que ya lo hemos perdido todo y no son intereses personales los que nos mueven en la misma.

Es, como dice nuestro hijo en su carta de despedida:

¡¡¡ LA SOLIDARIDAD Y EL COMPROMISO POR EL DOLOR DE OTRAS PERSONAS!!!

A todos los enfermos y enfermas de fibromialgia les rogamos que luchen como hasta ahora, que no se rindan, que ni se les pase por la cabeza seguir los últimos pasos de nuestro hijo. Pero que sí tengan muy presentes su angustia, su desolación y sus últimas palabras, las cuales pueden leer en un vídeo que circula por Internet, realizado por una gran amiga nuestra.

Gracias a ella, a Marifé por su inestimable ayuda ya que sin ti nada de esto hubiera sido posible. Gracias a Luisa por todo su apoyo y colaboración; gracias a todos los aquí presentes: y sobre todo gracias a los que estuvieron antes y después y supieron compartir los momentos más íntimos de dolor con nosotros Ya que sin ellos, no hubiéramos tenido fuerzas para estar hoy aquí. Os lo debemos todo porque siempre habéis estado con nosotros y ahora más que nunca.

Hasta nuestro último aliento, gritaremos con fuerza:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ TODOS SOMOS FABI!!!!!!!!!!!!!!

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No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras esta gente sin escrúpulos, siguen oprimiéndonos sin miramientos y nos tomen por idiotas.



miércoles, 6 de junio de 2012

EL PRINCIPIO DE UN LARGO CAMINO: LA INCOMPRENSIÓN MÉDICA

La enfermedad de nuestro hijo, como ocurre en todas las cosas, tuvo un principio pero desde ese mismo inicio, junto a sus dolores, lo acompañó la incompresión.

Aquella mañana los dolores en su espalda parecían más fuertes y visitar al masajista de siempre ya no le funcionaba por ello decidió acudir a la consulta de la MUPA igualadina.

La experiencia no pudo ser peor. Radiografías, y algunas pruebas más, para finalmente mandarlo al fisioterapeuta y allí estuvo dos o tres semanas con masajes, corrientes y cosas por un estilo que no le sirvieron de nada.

Llegó el día en que la médica le dijo que ya estaba bien y que pensaba darle el alta y de nada sirvió decirle que le dolía la espalda aún más que cuando acudió a su consulta pues la única respuesta que obtuvo de esta brillante doctora, es que estaba en perfecto estado, que las pruebas pertinentes ante un dolor de espalda que le realizaron (una simple radiografía...) donde no aparecieron resultados concluyentes y que por esa razón, tenía que darle el alta laboral.

Cuando uno de estos colegiados atienden a un paciente aquejado de una dolencia que ellos no saben diagnosticar, terminan tratando al enfermo de comediante en lugar de ser honestos y reconocer sus limitaciones.

Deciden derivarlos a psiquiatría y se los quitan de encima.

Es ampliamente conocido lo que esta creciendo el consumo de antidepresivos, incluso entre adolescentes, y son muchas las ocasiones que escuchamos a distintas autoridades sanitarias la alarma social que provoca este dato.

Pero, como aparecen nuevas enfermedades que muchos facultativos desconocen por completo, todo lo resuelven de este modo y en las visitas de psiquiatría, continúan agolpándose cada vez más personas que la medicina margina, por no saber resolver y/o diagnosticar sus problemas. En último caso, todo son virus o de los nervios.

Si además, estas enfermedades no son reconocidas como ocurre con la fibromialgia, S.Q.M y la encefalopatía miálgica, el problema se agrava.

Recordamos una conversación que mantuvimos con un conocido que es médico el cual nos dijo que los dolores de espalda eran utilizados con mucha frecuencia para conseguir bajas laborales. Añadiendo que era complicado detectar y por esa razón, tenían un tiempo más o menos determinado para darles el alta.

Y claro, como si fueran cabezas cuadradas incapaces de ir más allá de unas normas generales; no aplican el sentido común que les permita distinguir cuándo un caso puede ser real. No les dan a los enfermos esa oportunidad.

En la justicia ordinaria se respeta la presunción de inocencia hasta que se demuestra su culpabilidad, por muy claro que pueda parecer el caso y solo cuando el juez notifica su veredicto, se puede considerar culpable, lo cual tampoco significa que lo sea realmente, como ha ocurrido en numerosas ocasiones.

No ocurre así con estas personas enfermas a las que al parecer, en cuanto escuchan que les duele la espalda ya piensan: “otro comediante...”

Y no dudamos que los haya, pero suponemos que son los mínimos, pues es complicado mantener una situación que no es real de un modo indefinido, el desgaste que supone mantenerla es superior a la del propio trabajo.

No le extrañó que Fabi le dijera que los dolores se le habían extendido a cervicales y brazos y que era un dolor desconocido que nada tenía que ver con una simple contractura. Un dolor que parecía quemarle, un dolor que jamás había sentido y que era nuevo para él.

Ella fue el primer eslabón del trágico desenlace de nuestro hijo, por su falta de preparación, puesto que en muchos de estos enfermos, la FM comienza por un agudo dolor de espalda que progresivamente, se extiende por todo el cuerpo, pero claro, para ella, como para la mayoría, dos más dos son cuatro y ni saben ni tampoco quieren esforzarse en ir más allá por esa razón, con el tiempo que llevaba Fabi con esos dolores, ya tendrían que haber desaparecido. Le dio el alta, y se quedó tan ancha.

Y además, te hacen sentir culpable por mantener que estas enfermo.

Solo le quedó ir a la consulta de su doctora de cabecera donde continuó su calvario.

viernes, 1 de junio de 2012

Señores médicos: TOMEN EJEMPLO


Placer en poder publicar en nuestro blog entrevistas como estas, de un hombre sabio que debería ser ejemplo en el colectivo médico. Quizás la gran mayoría de nuestros facultativos endiosados que "miran" (por decirlo de algún modo...) a sus pacientes con frialdad y a través de la pantalla de su ordenador, deberían de tomar conciencia de lo que es un verdadero médico de vocación.

 ¡TOMEN EJEMPLO POR FAVOR!


Gente corriente    (Sección de la contraportada de "EL periódico de Cataluña)
                    
Médico. En el 2008 decidió abrir su consulta a gente sin recursos. «Es cuestión de responsabilidad», dice.

 
Oriol Camerino: «El médico tiene que explicar, no solo recetar»

   La chica del Manantial de la Salut explica a esta
cronista que los martes el doctor Oriol Camerino pasa consulta gratis. «Hay cola», advierte. Tiene razón. Cuando empezó la crisis, Camerino decidió que tenía que hacer algo. «Soy médico, así que puedo ayudar a través de mi profesión. No es necesario que vaya a África».

-¿Cómo se pone en contacto con el Manatial de la Salut?

-Un laboratorio había organizado una excursión a Montserrat para conocer plantas. Me invitaron y conocí a los propietarios del Manantial.

-Es especialista en medicina biológica. ¿Me la define?

-La medicina biológica intenta dar una explicación a la enfermedad en su conjunto. Tiene una idea holística de la salud. La enfermedad no pasa por casualidad. Es fruto de un proceso global. ¿Le pongo un ejemplo?

-Por favor.

-Usted puede tener una tendencia a una alteración del pH. Esto puede deberse, entre otros motivos, a que no duerme bien. Y no duerme bien porque está muy preocupada. La solución pasa por reequilibrar el pH, pero también por dormir mejor, quizá con suplementos de melatonina, y, además, por cambiar la percepción del estrés. Y, si es necesario, incluso se puede administrar un fármaco.

-¿Y cómo llega a esta medicina?

-Me licencié en Medicina en el Hospital Clínic, en 1981. Antes de licenciarme ya no estaba satisfecho con los tratamientos que solo prescribían fármacos. Me parecían parciales, así que empecé a leer otro tipo de libros.

-¿Dónde encontraba esos libros?

-Fui a un consultorio de un médico hindú. Llegué ahí porque alguien me habló de él, y me convertí en su alumno. Discutíamos de medicina, de filosofía, de acupuntura... Era fascinante. Iba a la facultad y cuando salía, me iba a la consulta y hacíamos discusión clínica de todos los casos.

-¿Quién le habló de él?

-No lo sé. Ni siquiera sé cómo llegó a Barcelona. Tenía muchísimos pacientes. Como ahora, el boca a oreja funcionaba. Ahora, con la crisis, por ejemplo, hay mucha más gente que se acerca a la medicina biológica.

-¿Y la clase médica?

-Es otra cosa. La clase médica, y yo me incluyo, necesitamos evidencias científicas. Le pongo un ejemplo: cuando te presentan un fármaco, se han hecho estudios que han costado millones de euros, y eso genera evidencias. En la medicina biológica no hay tantos recursos. Hasta hace poco no había formación en la universidad. Ahora está cambiando y ya hay másteres. Incluso hay una diplomatura oficial para ejercer acupuntura y homeopatía. Luché, desde la junta de acupuntores del Colegio Oficial de Médicos, para que fuera posible.

-¿Y cómo llegó a hacer consultas gratuitas?

-Si tengo la suerte de haber estudiado Medicina y ganarme la vida haciendo lo que me gusta, he de dar algo a cambio. ¡Qué mejor que ayudar ejerciendo mi profesión! Es cuestión de responsabilidad. Ya recuerdo cómo llegué al maestro hindú.

-¿Cómo?

-Tenía reumatismo. Mi padre, que era un botiguer del Eixample, era un hombre con una mente muy abierta. Me hablaba de los lamas, de la medicina tibetana... Supongo que en casa me enseñaron a tener una mentalidad abierta.

-¿Y qué dijo de su inconformismo con la medicina?

-¡Mis amigos eran los que se sorprendían! Hasta fui a Pekín para completar mi formación como acupuntor. Supongo que yo he buscado el camino del medio.

-¿Por qué lo dice?

-Cuando era joven, era más radical. Aunque siempre entendí que la medicina alopática y la biológica se complementan. Con la edad he llegado a un equilibrio.

-¿Y qué entiende por equilibrio?

-¿En medicina? Los médicos tenemos que hablar un lenguaje global. Siempre he creído que el médico es como si fuera un maestro. No solo tiene que recetar, debe explicar. Tiene que estudiar muchísima medicina clásica, interna, filosofía, un poco de psicología, medicina biológica... Para empezar a ser bueno en algo, que los circuitos neuronales se interconecten, hay que dedicar un mínimo de ocho horas diarias durante 10 años. Supongo que por eso no soy buen músico.

-¿Perdón?

-Tengo un grupo de música con unos amigos, pero, claro, no le puedo dedicar tantas horas.


domingo, 27 de mayo de 2012

DAR LA ESPALDA AL DOLOR


Nos enseñaron que la enfermedad, el dolor y la muerte son malos compañeros y que debemos tratar de evitarlos, de no pensar en ellos, cuando son importantes elementos que caminan junto a la vida y la felicidad y que pueden manifestarse en cualquier momento, incluso cuando estamos en la cima de la dicha y el bienestar.

¿Es posible que vida y muerte, dicha y dolor convivan en perfecta armonía...?

¿Podemos dejar espacio a la tristeza cuando estamos en la cúspide de la felicidad sin que ello signifique perder esta dicha...?

No solo es posible, es lo más natural (o debería serlo...) y por tanto lo mas saludable y como ejemplo, nos remitimos a una experiencia personal vivida.

En agosto del 2010. Fabi iba a ser padrino de boda de sus grandes amigos Nitus y Mari y decimos grandes amigos porque sobradamente lo han demostrado. Por las razones que ya sabemos no pudo cumplir ese compromiso, sin embargo ellos quisieron que nosotros ocupáramos ese lugar de privilegio.

Nunca olvidaremos ese día, sobre todo porque pudimos comprobar el modo en que Nitus y Mari querían a nuestro hijo cuando decidieron rendirle un homenaje en el día más feliz de sus vidas. No quisieron olvidarse de él, así como del padre de la novia también fallecido.

Un escalofrío nos recorrió todo el cuerpo cuando comenzamos a escuchar una música que compuso Nitus en su honor. “para Fabi”. El espacio quedo lleno de esa dulce melodía y todos los allí presentes nos quedamos en el mas absoluto de los silencios

La guitarra de su gran amigo, sonaba en nuestros oídos como un lamento celestial, sus notas fusionaban dolor y esperanza sin apenas percibirlo, hechizando los sentidos y embriagando nuestra alma de un agradecimiento infinito.

Desde el centro del salón y frente a nosotros, Nitus y Mari dedicaron unas palabras a los que ya no estaban, inundando de tristeza la enorme sala en que nos encontrábamos. Se derramaron lágrimas, se escucharon suspiros, los semblantes quedaron serios y las bocas mudas.

Un aplauso unánime rompió dulcemente la emoción que nos dominaba siendo una brillante y agradecida manera de cerrar aquél capitulo y dar paso de nuevo a la alegría, a la fiesta, al baile, a la vida.

Alegría y tristeza convivieron armónicamente sin que una perturbara a la otra en ningún momento, con la naturalidad absoluta que correspondía y todos los presentes así lo sintieron.

Ese día mágico para Nitus y Mari no quedó en absoluto empañado. Por el contrario quedó más confirmado que nunca como una manifestación completa y enriquecedora, que quedó grabada en las mentes de todos los que asistimos a esa boda.

En un acontecimiento de estas características, no se suele dar espacio a los seres queridos que ya no están con nosotros, no porque no pensemos en ellos, más bien al contrario porque es precisamente en días tan significativos que los ausentes están mas presentes que nunca y a su vez cumplimos el deseo secreto que todos tenemos cuando dejamos esta vida, que se nos recuerde porque ello manifiesta la huella que hemos dejado en los que continúan viviendo.

No dejar que el olvido se adueñe porque es entonces cuando en realidad se produce la verdadera muerte.

 No dar la espalda al dolor es una tarea pendiente en nuestra sociedad y muy importante, porque dicha y dolor, son el resultado de una misma energía con una sola diferenciación de grados y todos sin excepción, circulamos por ambos polos.

 No siempre somos espectadores de las tragedías y tarde o temprano, nos tocará ser los protagonistas y en ese instante, desearemos tener puntos de apoyo que nos ayuden a seguir adelante.

 Porque vida y muerte van cogidas de la mano... será positivo tenerlo en cuenta.



jueves, 17 de mayo de 2012

EL ESCUCHATORIO: en la relación médico - paciente

De nuevo nuestra ya colaboradora Cristina Trullá, nos manda un interesante artículo del dr. Francisco Maglio el cual resumimos aquí, mostrando experiencias personales de este facultativo con sus pacientes y anotando las opiniones que le merecían los resultados.

 El enlace que tenéis a continuación, puede llevaros al artículo completo, Aquí mostramos una introducción del mismo y la narración de algunas de sus experiencias.

versión PDF


FRANCISCO MAGLIO

ÍNDICE

"Decía Lain Entralgo que la relación médico-paciente (RMP) es el encuentro entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que quiere que lo curen (1)

Enfocada esta relación solamente en la necesidad del “curar” obviando el “cuidar” (socráticamente la “tekné” y el “medeos” respectivamente), resulta alienante tanto para el médico como para el paciente.

La relación médico paciente se “tecnologiza” y se “despersonaliza”, por eso es alienante, desparece el “otro” como persona.

Para el paciente, el médico es un técnico con guardapolvo que extiende recetas y para el médico, el enfermo es un “libro de texto”, con signos y síntomas que hay que interpretar y codificar

En este tipo de RMP desaparece la “otredad” humanizada, son dos “yoidades" despersonalizadas, un (des)encuentro. Desaparece aquel concepto de enfermo de Miguel de Unamuno (2): “un ser humano de carne y hueso que sufre, piensa, ama y sueña”. Esta despersonalización lleva al desgaste, al desánimo y a la desesperanza, tríada característica del burnout.

Esta “medicina basada en la evidencia” (3) en la que el paciente es un dato estadístico y el médico un administrador, más allá de su eventual valor técnico-científico, la debemos “des-alienar” con una “medicina basada en la narrativa” (MBN) que no se opone a la visión médico-técnica sino que la enriquece con la visión desde el paciente(4)..."

"...La narrativa en sí misma es terapéutica no sólo para el paciente sino también para el médico, porque al “re-personalizar” esa relación la “des-alieniza”, vuelven a ser dos personas, dos seres humanos en un encuentro de “inter-fecundidad”.
Ya no serán “médico-robot” y “enfermo robot”, sino médico-persona y enfermo-persona..."

"Algunas experiencias personales con la MBN:"

“Me siento leproso”

Un paciente afectado de Estafilodermia Psoriasiforme (el enfermo tiene profusión de escamas en todo el cuerpo) era rechazado ( debido a su aspecto) por familiares y amigos. Al preguntarle cómo se siente, dijo: “me siento leproso”. Esa era la experiencia social de su padecimiento, más allá de lo biológico.

Al conocer esa narrativa me expliqué por qué la cortisona (medicación electiva) que estaba tomando hacia un mes, no surtía efecto.

Una persona desafectivizada, excluida es un inmuno deprimido (la psicoinmunología lo ha demostrado) y con la cortisona se estaba deprimiendo más.

Hablé con la familia y los amigos y les expliqué que hasta que no volvieran a comportarse con él como antes, con afecto y respeto, sobreponiéndose a la impresión de su aspecto, no se iba a curar. Así lo entendieron y actuaron.

A los diez días se había curado, manteniendo la cortisona. A la eficacia biológica se había agregado la eficacia simbólica, que la psicoinmunología ha demostrado que actúa por los mismos intermediarios inmuno-cito-químicos; no es simplemente sugestión.

“Me toma el pulso”

En una oportunidad una viejita (el diminutivo es cariñoso) me pidió que le tomara el pulso. Miré el cardioscopio y sin acceder a su pedido, le dije: “tranquila abuela, tiene 80, está muy bien”. Pero me seguía pidiendo que le tomara el pulso y ante su insistencia le pregunto por qué, ya que la máquina era muy confiable y me contestó: “es que aquí nadie me toca”. La palpábamos pero no la tocábamos.

Razón tenía Benjamin cuando dijo: “en los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”.

 En nosotros está saciarla.

Los proyectos de vida son fundamentales, a tal punto, que podemos afirmar que más allá del comienzo biológico de la enfermedad (el día que aparecen los primeros síntomas), en sentido antropológico nos enfrentamos el día en que debido a esos síntomas, se ve interrumpido nuestro proyecto de vida. Por el contrario, empezamos a “sanarnos” el día en que a pesar de esos síntomas podamos reiniciar dicho proyecto.


Relataré algunas experiencias que avalan estas posturas.

“Eto non é vita”

Don Antonio (italiano, 75 años) era un hombre sano, pero a requerimiento de su familia le hago un “chequeo”. Dada su edad los valores de laboratorio estaban un poco por encima de los normales, nada significativo.


Como médico recién recibido y con poca experiencia, le indico un estricto “régimen higiénico-dietético” dentro del cual estaba la prohibición absoluta del alcohol.

A la semana, la familia me llama porque Don Antonio estaba enfermo y al revisarlo, realmente no estaba bien: hipotenso, adinámico, asténico. Cuando le pregunto cómo se sentía, me dice en un enternecedor cocoliche: “eto non é vita”. Como no le encontraba explicación, le pregunto a la familia si en esa semana había pasado algo que lo pusiera mal. Me dicen que desde que le instalé ese régimen no salía, y a dónde salía? pregunté. Me explicaron que todos los días invariablemente iba al bar de la esquina a tomar un “vermutino” con unos amigos veteranos de la guerra en Abisinia.

Entonces comprendí: ese “vermutino” con los amigos era su proyecto de vida y al desconocerlo, mi prescripción se había convertido en una “proscripción” .

Fue suficiente que volviera a esas salidas para que desaparecieran los antes mencionados síntomas.

“Ese es mi proyecto de vida”

A veces los proyectos de vida no son tan obvios y se necesita profundizar en la narrativa. Una buena estrategia es pedirle al paciente que nos relate un día habitual de su vida cuando estaba sano.


Un pastor protestante estaba en una unidad coronaria por un infarto agudo de miocardio con un angor inestable, asociación de gravísimo pronóstico.

En el relato a que nos referimos manifiesta lo siguiente: “Me levanto muy temprano, rezo, estudio, ordeno el templo (hablaba muy nervioso y angustiado, lo que se reflejaba en el cardioscopio por su gran inestabilidad eléctrica), y por la tarde vienen unos feligreses con los que tenemos un grupo de reflexión (a esta altura del relato se va calmando, no estaba tan nervioso, lo que se refleja también en el trazado elctrocardiográfico), y si viera, doctor, qué bien nos hacemos, yo a ellos y ellos a mí, pero ahora vaya a saber dónde están y yo aquí rodeado de tubos y aparatos” (vuelve a ponerse nervioso y también su co-relato en el cardioscopio). Le pregunto si ese grupo de reflexión era muy importante para él y después de pensar un poco me dice: “ahora que no lo puedo hacer me doy cuenta que ese es mi proyecto de vida”

Se localizó a ese grupo y dos veces por día, media hora, concurrían a la unidad coronaria y restablecieron aquel contacto. A los 3 días seguía el infarto pero había desparecido el angor inestable: Se había reintegrado a su proyecto de vida.

“No me dejen morir”

Teresita era una joven que a la mañana siguiente de su fiesta de 15 años amanece con una cuadriplejía por una poliomielitis. Estuvo once años en un pulmotor moviendo nada más que la cabeza.

Nunca en mi vida profesional conocí a alguien tan aferrado a la vida. Había aprendido a dibujar con la boca y hacía tarjetas de Navidad que las mandaba al Hospital de Niños: era su proyecto de vida.

Un día se complica con un cuadro abdominal agudo por una apendicitis. En esa época no existían los respiradores modernos que permiten que el paciente esté afuera del aparato; en el pulmotor estaba adentro y para revisar al enfermo se le ponía una campana con aire a presión cubriendo la cabeza. Este procedimiento permitía abrir el pulmotor pero por un lapso de no más de 15 á 20 minutos.

En esta situación la revisamos comprobando el abdomen agudo y ante la imposibilidad de la cirugía ( dado el escasísimo tiempo disponible) cruzamos nuestras miradas como diciendo: “Dios se apiadó de ella”. Cuando sacamos la campana y volvimos a poner a Teresita dentro del pulmotor me dijo (como adivinando nuestro pensamiento): “Paco, háganme todo, hasta lo imposible, pero no me dejen morir, mirá que los chicos del Hospital de Niños esperan mis tarjetas”.


Ante ese pedido, un cirujano, uno de los más brillantes que he conocido, se animó y la operó fuera del pulmotor (dentro era imposible) con la mencionada campana. La operación duró exactamente 12 minutos y Teresita vivió 7 años más, mandando sus tarjetas al Hospital de Niños.

“Doctor, ¿me puede abrazar?”

Tenía que dar la tristísima noticia a una mamá que su hijito de 7 años con un sida terminal (post-transfusional, al comienzo de la epidemia), se iba a morir. Dije la consabida frase “ya no hay nada que hacer” a lo que la mamá me contestó: “sí hay por hacer”. “Qué puedo hacer?” le pregunté y con lágrimas en los ojos me dijo: “Doctor, me puede abrazar?”

Nunca volví a decir “no hay nada que hacer”, sino “ya no hay nada que tratar, como médico ya no puedo hacer nada, pero como persona, puedo hacer algo por usted?” Y siempre se puede hacer algo. Cuando ya no hay “tekné”, siempre hay “medeos”.

Estamos (mal) acostumbrados a decidir por el paciente pensando que nuestras decisiones son las mejores, pero éstas pertenecen siempre al enfermo y no a nosotros, por mejor intencionados que estemos.

Ante un paciente terminal frecuentemente (y muchas veces a pedido de la familia) aumentamos la dosis de sedantes para que no sufra, para que “no se de cuenta”. Pero siempre, es así?. En muchas ocasiones debemos tener el coraje (porque no es fácil) de avisarle al enfermo de sus últimos momentos.


En la Edad Media la gente elegía a un amigo que tenía la obligación de anunciarle su final. Le llamaban el “nuncius mortis”.

¿Por qué debemos proceder así?. Porque la inminencia de la muerte es el momento reflexivo más trascendente de la vida, el momento de las grandes decisiones y no me refiero solamente a las testamentarias sino, más importante aún, las afectivas. En mi experiencia de años en terapia intensiva fueron muchos los pacientes que me decían: “cuando llegue el momento, no quiero sufrir pero quiero estar lúcido”

Relataré algunas de ellas:

“Llamen a un juez”

Un paciente en esas condiciones pidió: “llamen a un juez”. Vivía en concubinato hacía 10 años. Llegó el juez, llamó a su concubina y… se casó!!!! Me dijo: “recién ahora me atrevo”. Falleció al día siguiente.

“Doctor, llame a este teléfono”


En similares circunstancias, un paciente me dio un nº de teléfono y me pidió que llamara y a la persona que atendiera le dijera que él estaba internado y quería verlo.

Cumplí su deseo y al rato llegó un señor corriendo preguntando dónde estaba el paciente. Fue a su cama, quedó inmóvil unos segundos y se entrelazaron en un estremecedor abrazo y lloraron un largo rato.. Cuando se fue, el paciente me llamó y me dijo: “Doctor, gracias por la gauchada de llamar por teléfono. El que se fue es mi hermano. Hace 15 años lo eché de mi casa, lo eché mal, yo tenía la culpa. Nunca tuve el coraje de pedirle perdón, ahora que sé que voy a morir, recién ahora me atreví a pedirle perdón y me perdonó”


Tuvo un gesto que nunca voy a olvidar. Me tomó las manos y me dijo: “Gracias por dejarme morir en paz”

Volví a la mañana siguiente, se había muerto la noche anterior.

Le pregunto a la enfermera de ese turno (para no inducirle la respuesta): “vos estuviste cuando se murió ese enfermo, notaste algo diferente?”. Me respondió: “Mira, Paco , en años de terapia intensiva nunca vi morir a alguien con tanta paz, aún muerto parecía que estaba sonriendo”

En conclusión y volviendo a las fuentes, uno de los aforismos de Hipócrates lo revela con claridad meridiana:

 “muchos enfermos se curan solamente con la satisfacción de un médico que los escucha”, (se adelantó 2.500 años a Freud)

Dentro de una formación biologicista-positivista nos enseñan en la Facultad de Medicina a interrogar y no a escuchar.

Entrevista a francisco Maglio

Quisiéramos que existieran más médicos como el dr. Maglio. No aspiramos a médicos - dioses que todo lo curan; ante los que ninguna enfermedad se les resista... no queremos milagros imposibles...
Pero si nos gustaría que nos trataran como personas y con ello, que nos escucharan, que preguntaran, que nos miraran a los ojos y nos auscultaran con sus propias manos sin temor, sintiendo un verdadero interés por lo que nos ocurre.
No queremos encontrar un sensación gélida que nos sobrecoge e intimida al entrar en su consulta o en cualquier hospital.

Por favor, humanicen nuestra medicina... es urgente...

viernes, 11 de mayo de 2012

MÉDICOS KARATECAS


Increíble pero cierto. Nunca deja uno de sorprenderse de hasta donde es capaz de llegar la estupidez humana.

Recientemente, vimos sorprendidos como en una conocida cadena de tv. daban la increíble noticia de que, debido a que las agresiones de los pacientes a numerosos médicos no dejaba de crecer, se les aconsejaba que practicaran defensa personal.

¿Cómo es posible...?

Uno piensa en cuales pueden ser las causas de que un paciente pueda agredir a su médico y sin tratar de justificar esas agresiones, llegas a la conclusión de que, sin duda, no estaban precisamente contentos con la manera que los atendieron y de ahí, la surrealista propuesta de que se defiendan.

 Pero nosotros pensamos que probablemente sería mucho mejor estudiar las razones de esta violencia, en lugar de proponer una respuesta con más violencia, salvo que queramos convertir nuestros hospitales, en escenarios de competición de artes marciales.

Quizás si muchos de estos médicos se bajaran del altar donde se subieron no se sabe bien porque, escucharían mejor a sus pacientes y podrían tratar correctamente, las dolencias que los asola.

Quizás si tomaran conciencia nuestros médicos, de la grave enfermedad que padecen: La Broncemia, intentarían curarse, para poder mejor curar luego ellos a sus pacientes y sin duda, de ese modo, desaparecerían estas agresiones.

 ¿No les parece...?

Por favor, humanicen nuestros hospitales y su trato con los pacientes y dejen de proponer tonterías que, de no ser por lo trágico del asunto, sería para ponerse a reír.